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El estigma en las enfermedades mentales y la percepción de estas en la sociedad

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Resumen

El estudio de las enfermedades mentales desde la perspectiva social ha tenido un auge en los últimos tiempos debido a la construcción social de la enfermedad mental, al margen de los síntomas que presente el paciente, es así como de la mano con los trastornos mentales tienen lugar el prejuicio, los estereotipos, y los estigmas. Es así como el proceso de exclusión social de las personas que padecen enfermedades mentales carece instrumento científico determinante para establecer las dolencias que perturban el sano desenvolvimiento del individuo atendiendo a síntomas mentales.

Las diversas teorías en torno a las enfermedades mentales proceden diversos campos científicos, tales como la biología, la psicología y psiquiatría, la fisiología y la sociología, de tal manera que, al enfoque sociológico hace las veces de fuero de atracción de las demás ciencias, a fin de determinar la construcción social de la enfermedad mental, y sus consecuencias para el individuo en el campo social.

 

Palabras clave: enfermedad, mental, trastorno, social, constructo, teoría, estigma

Abstract

The approach to mental illness from a social perspective has had a boom in recent times due to the social construction of mental illness, regardless of the symptoms that the patient presents, and thus, hand in hand with mental disorders, prejudice, stereotypes, and stigmas take place. Thus, the process of social exclusion of people who suffer from mental illness lacks a determining scientific instrument to establish the ailments that disturb the healthy development of the individual by attending to mental symptoms.

The various theories about mental illness come from various scientific fields, such as biology, psychology and psychiatry, physiology and sociology, in such a way that the sociological approach acts as a forum of attraction for the other sciences, to determine the social construction of mental illness, and its consequences for the individual in the social field.

 

Keywords: illness, mental, disorder, social, construct, theory, stigma

Índice

 

1.    Aproximación a la noción de estigma

 

2.    Aproximación a la noción de enfermedad mental

 

3.    Percepción de los trastornos mentales en la sociedad

3.1.  Teorías sociológicas sobre los trastornos mentales

3.1.1. Teoría del etiquetado o de la reacción social

3.1.2. Teoría del construccionismo social

3.1.3. Teoría del estrés

3.1.4. Teoría de la construcción social

 

4.    Conclusiones

 

Referencias

1. Aproximación a la noción de estigma

El estigma de las enfermedades mentales ha sido una constante desde siempre. El individuo aquejado por trastornos mentales debe enfrentarse a una etiqueta asignada por la sociedad con ocasión a la dolencia que padece, sin embargo, sin serle imputable la responsabilidad de estar enfermo. Es por ello por lo que se hace necesario el análisis del estigma de los trastornos mentales, a fin de analizar los componentes que integran este fenómeno como son en orden cronológico y sucesivo, el prejuicio, los estereotipos, y, por último, el estigma, como consecuencia.

Los trastornos mentales comportan categorías elaboradas por la sociedad que adolecen de pruebas para diagnosticar objetivamente los trastornos mentales, debiendo recurrir a criterios basados en el comportamiento socialmente aceptado. Debido a tales circunstancias, la constatación de trastornos mentales cuestiona el carácter científico de tales diagnósticos.

Según la Real Academia Española (2024) en su 2.ª acepción, un estigma es un “desdoro, afrenta o mala fama”. El concepto de estigma se entiende como un fenómeno social. (Quiles, s/f., p. 30). El vocablo estigma hace referencia a un rasgo provisto de un grado significativo de desacreditación del individuo; en realidad se precisa un lenguaje de relaciones más no de características. (Goffman & Guinsberg, 1970, p. 2). Por otra parte, este término es calificado como sinónimo de exclusión por Jones et. al., (1984). Además, el estigma es calificado a su vez como una conducta desviada. Stafford & Scott (1984).

Los antecedentes del estigma se sitúan en el siglo V (a.e.c.). Como tal comportaba la marca impuesta con hierro candente a un individuo a consecuencia de la recaída de pena de infamia, o para denotar el estado de servidumbre bajo el cual se hallaba el sujeto. (Setién García, 2020, p. 72). Estos tatuajes, a manera de breves inscripciones o siglas, habitualmente en la frente o incluso imágenes en las cuales se hacía mención a la condición del portador, traigan consigo la mayor relegación social en la sociedad griega, siendo trasladada a la sociedad romana. Los griegos emularon esta práctica efectuada por los persas, quienes marcaban a sus esclavos con el objeto de identificarlos en caso de escape. Estos esclavos eran denominados στιγματίας (stigmatias) o o stigôn. De Halicarnaso (1955).

De esta manera se observa que en el tiempo las marcas asignadas como consecuencia de la condición de esclavitud de un individuo fueron trasladadas a la condición del estado de salud mental de la persona, debido a prejuicios y estereotipos fijados por la sociedad, haciéndolo acreedor de una sanción social que no le corresponde, debido a que causas ajenas a su voluntad han atentado contra su salud. Tal sanción consiste en el alejamiento o la tacha del grupo social.

El interaccionismo simbólico confiere una relevancia fundamental a los significados sociales que los individuos otorgan al entorno que les circunda (Taylor & Bogdan, 1987, p. 24). Según Blumer (1969), el interaccionismo simbólico se basa sobre dos (2) principios elementales: el primero, por el cual los sujetos adoptan una postura frente a las cosas y al resto de las personas, partiendo de ciertos significados que se tienen respecto a estos últimos. De manera tal que los individuos no se limitan a dar respuesta únicamente a los estímulos procedentes del ambiente que les rodea, o bien, a exteriorizar lineamientos determinados por la cultura. El factor determinante del comportamiento en las relaciones sociales es el significado.

En base al significado como factor y segundo principio, prosigue (Blumer, 1969, p. 9), al expresar que estos son constructos de la sociedad que se ponen de manifiesto con el transcurrir de la interacción. La percepción de un individuo respecto a un objeto o persona tiene un desarrollo que parte de la manera en la que otros individuos proceden en relación con este o la cosa en mención. En consecuencia, un sujeto adquiere un conjunto de conocimientos de otros para visualizar el entorno.

Los significados no son más que las ideas que se tienen de las personas o de las cosas, pero tales ideas son asignadas atendiendo a un orden interior y exterior del sujeto que lo atribuye. Por el orden interior, el individuo asigna significados a personas o cosas partiendo de sus experiencias, y de las ideas que suelen aplicarse a ciertas condiciones de otros individuos en la sociedad. Muestra de ello será el conferir la categoría de enfermedad, o peligro a un individuo que presenta trastornos mentales, cuando atendiendo al grado de su diagnóstico, el cual será analizado más adelante, éste pueda desenvolverse libremente y sin obstáculo alguno en la sociedad.

El tercer principio enunciado por (Blumer, 1969, p. 5) como parte elemental del interaccionismo simbólico, consiste en la asignación de significados por parte de quienes desplieguen su comportamiento en la sociedad, esto es extensivo a circunstancias u otros individuos, a los objetos y a sí mismos, mediante un proceso de exégesis. El interaccionismo es postulado por Cooley (1902); Dewey (1930); Mead (1934); Mead (1938); Park (1915); (Thomas, 1923) y otros. El interaccionismo simbólico comporta una corriente del pensamiento sociológico en franca oposición al funcionalismo que sostiene, ante todo, el conocimiento de la realidad de la sociedad a través de las interacciones de las personas entre sí mismas, los objetos y estas, y cómo estas perciben a los sujetos y cosas.

La relación dialéctica existente entre el interaccionismo simbólico y el funcionalismo, tienen como finalidad la generación de terceras teorías que equilibren ambas posturas radicalmente opuestas que se presentan como vías alternas, no para lograr un consenso, sino en procura de obtener una mayor posibilidad de solución a los problemas planteados como es el conocimiento de la realidad social partiendo desde dos elementos. El primero, mediante significados con base en los prejuicios. Y el segundo, con base en el conocimiento de las personas, sin necesidad alguna de estereotipos. El método de la dialéctica inicialmente sería planteado por Sócrates a través de Azcárate (1871); de Azcárate (1871); (Aristóteles, 1982, p. 106); y posteriormente lo desarrollarían Hegel (2009); Kant (1883); (Fichte, 2005, p. 76); Schelling (2005); Schleiermacher (1833).

Retomando lo concerniente al estigma, es necesario señalar que los vínculos en la sociedad pueden estar bajo el influjo de los perjuicios. Las agrupaciones sociales a menudo sostienen posturas recíprocas a través de las cuales se manifiesta la animosidad y el repudio, con fundamento en diferencias o temores ficticios. Los prejuicios constituyen calificaciones o concepciones cuya formación se efectúa a través de la comprobación que les preceda, por la que se constate el vigor de tales calificaciones. Los prejuicios tienen una tradición generacional. Por tanto, es una categoría de actuaciones orientadas en contra de una agrupación o clase de personas. El perjuicio está conformado por tres elementos: 1) Cognoscitivo, consistente en el conjunto de convicciones del individuo; 2) Afectivo, compuesto por una serie de sentimientos que aceptan o rechazan; y 3) Activo, integrado por la voluntad del sujeto de cometer un acto perjudicial en contra de la persona, objeto, o grupo. Calvo (2000). 

En atención a las líneas precedentes, la Real Academia Española (2025), define el término prejuzgar como: “Juzgar una cosa o una persona antes del tiempo oportuno, o sin tener de ellas cabal conocimiento”. De este modo, se observa que el acto de prejuzgar corresponde a dos connotaciones. La primera, a través de la emisión de un juicio anticipado antes de ser sometido a conocimiento por parte de la persona que debe juzgar, en cuyo caso, se está en presencia de una orientación jurídica o judicial. Y la segunda, que corresponde al objeto de la presente investigación, asociada al estigma que padecen los individuos con trastornos mentales. Al respecto, el prejuicio que opera contra estos obedece a la ignorancia de los componentes de la sociedad respecto al grado de peligro o inocuidad que puede constituir el sujeto, por lo que, de antemano se procede a juzgarlo como peligroso, trayendo consigo la consecuencia de la exclusión del sujeto por razón de una enfermedad mental, cuya responsabilidad no es imputable a la persona que la sufre, sino que obedece a causas ajenas a la voluntad de aquella.

Prosiguiendo con el análisis de los prejuicios, estos siguen una línea generacional cuya transmisión es efectuada por los padres a los hijos, reforzada por el entorno social que rodea a la familia respecto a la posición de la sociedad ante las enfermedades mentales, y el posterior trato que debe concedérseles a los aquejados por una afección de índole mental. Así las cosas, el perjuicio puede ser individual o colectivo. El primero actúa en contra de una persona en particular por razón de aspectos tales como su procedencia, su pertenencia a una nación, grupo nacional, etnia, raza, ideología política, sistema de creencias, filiación religiosa y estado de salud; mientras que el segundo actúa en contra formas de colectivas de organización tales grupos nacionales, religiosos, asociativos, entre otros.

En el mismo orden, la Real Academia Española (2024), conceptualiza el término estereotipo como una “imagen o idea aceptada comúnmente por un grupo o sociedad con carácter inmutable”. Los estereotipos frecuentemente han sido definidos como exponentes del factor cognitivo del prejuicio. Dovidio et. al., (1986). El estereotipo es un carácter vinculado a una clase cognitiva que es empleada por aquellos que tienen una idea preconcebida para analizar datos relativos el grupo o sus componentes. Dovidio et. al., (1986); Gaertner, (1973). “Son propiedades estadísticas de las creencias de una persona acerca de algunos grupos sociales”. Linville et. al., (1986); Linville et. al., (1989).

Con base en las consideraciones debe distinguirse entre el acto de prejuzgar y el estereotipo, los cuales guardan una relación de continente a contenido. Prejuzgar trae aparejada la asignación de estereotipos a una persona o agrupación, ya que el acto de emitir un juicio anticipado con total desconocimiento de la persona o colectivo que se califica perjudicialmente, parte de un conocimiento que se cree correcto sobre ellos, aún cuanto en la realidad sea erróneo, de ahí que el estereotipo pertenezcan al ámbito cognitivo del sujeto, mientras que el perjuicio comprende un proceso en el que, el sujeto o grupo son sometidos a la valoración de una persona, y esta sin conocimiento de ellos, partiendo de una conocimiento erróneo, procede a asignarles una categoría perjudicial.  

2. Aproximación a la noción de enfermedad mental

El término enfermedad o trastorno mental comprende un conjunto de patologías, cuyos síntomas se presentan en variadas formas. Por tanto, una definición única de este término adquiere un carácter complejo. (Sanjuan, 2011, p. 7). Según la Asociación Americana de Psiquiatría APA (2002) un trastorno es un modelo psicológico de comportamiento al margen de la normalidad, el cual se caracteriza por ser clínicamente relevante e independiente de su origen trayendo consigo la falta de un adecuado funcionamiento en el ámbito psicológico o biológico. En otras palabras, la afección o trastorno mental puede conceptualizarse como una perturbación de los procesos cognitivos y afectivos que hacen que el individuo que los adolece presente dificultades para un desarrollo normal. Asociación Americana de Psiquiatría APA (2002).

La conceptualización precedente de trastorno mental hace referencia a los mecanismos por los cuales el individuo puede adquirir o analizar, un conjunto de estímulos procedentes del exterior, así como aquellos que provienen de emociones y conductas, los cuales pueden afectar negativamente el ámbito de los vínculos interpersonales del sujeto, o su fuero interno, manifestándose a su vez a través de dificultades en el ámbito funcional, en el lugar de trabajo, en el hogar, y en el colegio. Overton & Medina, (2008).

Se está en presencia de un trastorno mental cuando surgen los siguientes elementos: 1) Falta de salud distanciamiento de los patrones de conducta aceptados; 2) Síntomas o alteraciones originadas por motivos cognitivas; afectivas o motivacionales; disminución o discapacidad de las funciones del individuo en la sociedad; factores etiológicos inequívocos. Díaz Múgica (2013).

Sin embargo, la demostración del desconocimiento de los trastornos mentales reside en la falta absoluta de pruebas médicas que puedan determinar su existencia. (Torres Cubeiro, 2021, p. 48). En la actualidad las ciencias de la salud no disponen de un instrumento a través del cual puedan diagnosticar esquizofrenia o depresión, dos de las afecciones mentales más predominantes (Fernández Liria, 2018). A través de la historia de la psiquiatría Porter & Berrios (1995) y de los síntomas de las dolencias mentales Berrios (1995); Berrios (2008), se ha proporcionado apoyo a diversas teorías relativas a su origen con base en las convenciones de la sociedad de cada época. (Torres Cubeiro, 2021, p. 48). 

Así las cosas, no existe una explicación concluyente de las causas de los trastornos mentales ni una cura establecida, a pesar de todo el coste, el esfuerzo y la atención que las enfermedades mentales han generado a lo largo de la historia de la humanidad. Adicionalmente, sólo existe la percepción de una desviación significativa de los estándares de conducta que la mayoría de las personas de una sociedad generalmente consideran normales. La relevancia de esto […] es que, si bien una condición mental patológica es algo que existe dentro de la mente de un individuo, la base para determinar si una persona padece una enfermedad mental a menudo implica criterios que también son sociológicos, Cockerham (2017).

Hay que expresar que los trastornos mentales son conceptualizados desde una perspectiva sociológica no implica la negación de su existencia objetiva. No puede negarse la existencia del sufrimiento psíquico o psiquiátrico al demostrar que es un constructo de la sociedad. No puede afirmarse que sea una producción intencional como aparentemente se muestra en algunas lecturas de antipsiquiatría Szasz (1974); Szasz (1997). Las enfermedades mentales como constructos sociales no deben ser entendidas como una producción divorciada de la realidad. Horwitz (2002), por el contrario, comporta los límites de su incuestionable naturaleza social y comunicativa. (Torres Cubeiro, 2021, p. 53). 

En suma, al no contar las ciencias de la salud con instrumento alguno verificable por el cual se puede constatar la existencia de una enfermedad mental, mal puede atribuírsele al diagnóstico un carácter objetivo. Si bien es cierto que no puede negarse la existencia de los trastornos mentales en el sujeto, lo que se discute es el medio necesario para calificar una afección mental, medio que precisamente no es el científico-técnico, sino el sociológico, dado que las pautas para el establecimiento de los diagnósticos atienden al normal desenvolvimiento del individuo en la sociedad y en la familia. Por tanto, la perturbación en la normalidad fijada por tales convenciones sociales será el instrumento para diagnosticar una enfermedad mental, esto sin desconocer las causas biológicas y fisiológicas que padece el individuo, en cuyo caso, corresponderá al médico tratante la prescripción del tratamiento respectivo.

Conforme a las ideas expresadas, tampoco puede ignorarse la existencia de imaginarios sociales en torno a las enfermedades mentales. La noción de imaginario social tiene sus antecedentes en Durkheim (1912), siendo desarrollada por Castoriadis (1975). Los imaginarios sociales “son representaciones colectivas”. Taylor C. (2006); Duby (1995); Piña et. al., (2003). Asimismo, lo imaginario hace alusión a la mentalidad de una sociedad en un tiempo determinado. Patlagean (1970). Aproximándose a esta noción surge la idea de lo imaginario como las fantasías o ilusiones que identifican a una sociedad en un tiempo dado. Guliemi (1991). Lo imaginario comporta la producción de imágenes. Durand (2000); Durand (2004); Sartre (2005); Rojas (2006); que al mismo tiempo se hacen partícipes en las producciones simbólicas, particularmente en aquellas que guardan relativas a la producción de mitos. Bachelard (2011); Durand (2003).

En suma, según lo expresa Castoriadis (1975); el imaginario social comporta la producción ininterrumpida e indefinida de imágenes y símbolos, con fundamento en estructuras históricas, sociales y psíquicas, así todo aquello que es percibido como real es resultado del imaginario concebido. En este orden, los imaginarios sociales comportan las representaciones que se producen como consecuencia de estímulos exteriores fijados por la sociedad, los cuales varían según el tiempo. Es así como tales imágenes suelen asociar en su totalidad a quienes padecen de trastornos mentales con conductas violentas que atentan no sólo contra la integridad física, psíquica y moral de terceros, sino también contra un orden social establecido. De ahí que el imaginario social sea incorporado en el proceso de prejuzgamiento que a su vez trae implícito el de asignación de un estereotipo.

3. Percepción de los trastornos mentales en la sociedad

La percepción social tiene notables diferencias de estudios en la forma de comportamiento de los sentidos debido a su objeto particular de estudio. La percepción que emplea los sentidos, se basa en nociones, técnicas y datos procedentes de diversas áreas del conocimiento científico, especialmente de la biología y la física, comportando un área de estudio del saber del mundo exterior, orientándolo hacia el estudio de los sentidos, facilitando con ello la percepción del mundo de cosas que rodea al sujeto. Por ende, este estudio debe ser considerado como un problema de investigación, procurando dar contestación a las interrogantes elementales de la vida cotidiana del ser humano. (Arias Castilla, 2006, p. 10).

Primariamente, la percepción es una parte fundamental de la conciencia, que contiene acontecimientos inmodificables, y, por ende, comporta la realidad tal cual es percibida. Carterette & Friedman (1982). En otras palabras, la percepción no es más que una actividad intelectual procedente de la información procedente de los sentidos, de tal manera, que, al intervenir el intelecto, la lectura de la realidad es susceptible de distorsión debido a factores internos y externos. Tal es el caso de las posturas asumidas como inequívocas y las pautas sociales.

Entre las teorías de las percepciones se encuentran la internalista y la externalista. El internalismo propone un enfoque que explica la existencia de la cognición intuitiva e innata, pero al mismo tiempo no aclara cómo, de dónde y por qué las ideas mismas entran en la mente, por qué el sujeto carece de conocimiento. Frente al internalismo surge el externalismo, que sostiene que todo conocimiento procede de la experiencia. En suma, es la clásica disputa entre racionalistas y empiristas. (Démuth, 2013, p. 11-12).

De este modo, se observa que la teoría internalista es afín con el racionalismo que sostiene como única fuente del conocimiento cierto a la razón. El externalismo, por el contrario, congenia con el empirismo, cuyos postulados sostienen que el conocimiento de las personas y las cosas procede de los sentidos. (Aristóteles, 1994, p. 73); Hume (2001); (Locke, 1690, p. 295). (Condillac, 1788, p. 29); Mill (1917).

Al mismo tiempo, entre las teorías que conforman el estudio de la percepción se encuentra la Teoría de la Atribución postulada inicialmente por (Heider 1958, p. 56) mencionando a (Ichheisser, 1949, p. 31); (Brunswik, 1934, p. 220). Asimismo, la teoría de la atribución es desarrollada por Kelley, (1967); Kelley, (1979); Kelley et. al., (1983); Kelley et. al., (2003); Weiner (1985); Weiner (1985); Weiner, (1986); Weiner (1992). La Teoría de la Atribución comprende el empleo de la información. La teoría inicialmente formulada por Weiner constituye una teoría de la motivación que se basa en atribuciones causales, así como sus normas regulatorias, cuya pretensión es la explicación de forma general del origen del comportamiento sin importar las circunstancias. (Alonso & Manassero Mas, 1989, p. 230).

En unión de la Teoría de Atribución, antes enunciada, se encuentra la Teoría de la Atribución en Dos Pasos, que sostiene que los individuos atribuyen ciertas categorías al comportamiento de otros, tomando en consideración factores externos, a diferencia de la primera de las teorías que, a priori, califica el comportamiento de un sujeto sin importar las circunstancias. (Aronson et. al., 2010). En la Teoría de la Atribución se encuentra una visión de la ésta última, como es la Atribución Interna y la Atribución Externa. Según Kassin et. al., (2024), la atribución interior supone que el sujeto despliega una conducta debido a aspectos tales como la personalidad, el temperamento o la disposición; mientras que la atribución exterior se caracteriza por calificar al sujeto atendiendo a los factores externos que le rodean, dando por sentado que un gran número de personas actuarían de forma idéntica en iguales circunstancias.

Además, la Teoría de la Inferencia Corresponsal postulada por Jones & Davis (1965) propugna el aprendizaje entre individuos partiendo de la conducta espontánea. Por tanto, no se configura la anticipación de un juicio, cuya consecuencia es un menor número de resultados favorables en las relaciones humanas, tomando como base tres (3) componentes a saber: 1) Capacidad de elegir de un sujeto; 2) Expectación de la conducta; 3) El propósito o las causas que originaron la conducta.

Prosiguiendo con las teorías que influencian la percepción social, se cuenta entre ellas el Principio de Covarianza (Kelley, 1972a, p. 3), una consecuencia es atribuida a causas probables, pudiendo variar en con el transcurso del tiempo, lo que dependerá del perceptor, cuya percepción respecto a una persona o cosa variará con el transcurrir del tiempo. En caso de carecer del Principio de Variación deberá recurrirse al principio de descuento que afirma: “El rol de una causa determinada en la producción de una consecuencia, se da por descontada en caso de que, otros efectos susceptibles de atención estén presenten a la vez”. Por último, el Principio de Aumento, opuesto al precedente, postula que ante un efecto determinado están presentes tanto una causa inhibitoria como una causa facilitadora; y en la producción de una consecuencia el juicio será mayor que si se presentare de forma aislada como posible causa del efecto. (Crespo Suárez, 1982, p. 39).

Adicionalmente a las teorías anteriores, se encuentra la Teoría de la Integración de la Información propuesta por Anderson (1982). El proceso de integración adopta las reglas simplificadas del álgebra en un número de circunstancias que al ser cualidades mentales, adquieren el carácter de álgebra cognoscitiva. El álgebra cognoscitiva estudia la forma en la que los individuos valoran a sus iguales a través de cálculos similares al álgebra matemática, dado que una y otra se distinguen por su objeto de estudio, aun cuando empleen igual método. (Guevara Castillo, 2000, p. 36). 

En este campo también se encuentra la medición funcional, consistente en la representación numérica del estímulo que hace posible la producción de enunciados con el objeto de asociar nociones psicológicas, Anderson (1982). En el mismo orden, Anderson (1982) a través del empleo de la matemática, la teoría de las funciones y la estadística desarrolló su método planteando dos (2) clases de estímulos: 1) Los estímulos físicos que pueden ser percibidos por los sentidos y de fácil observación y control experimental; y 2) Los estímulos psicológicos los cuales se hallan situados en la parcela sugestiva del sujeto; motivo por el que la valoración de los estímulos se encuentra bajo el influjo de las distinciones que hacen las personas y del proceso evaluativo. La evaluación de estímulos en los individuos se manifiesta en tres (3) oportunidades de forma psicológica: 1) En el momento en el que, el individuo percibe y acopia los datos; 2) En el instante en el cual integra a su acervo de conocimiento los datos recibidos; y 3) En el instante en el cual expresa su respuesta externa o física, tales etapas corresponden a la valoración, integración y respuesta ante el estímulo (Guevara Castillo, 2000, p. 36).

Además, entre el cuerpo teórico de la percepción social, se cuenta con las Teorías Implícitas de la Personalidad. A este respecto, Bruner & Tagiuri (1954), definen estas teorías como la serie de conocimientos que se tienen en relación con un individuo, y el modo de empleo de tal conocimiento para la adopción de conclusiones que guardan relación con la personalidad de esa persona. No obstante, el precursor de esta teoría es Asch (1951); Asch, (1955); Asch, (1956). Las Teorías Implícitas de la Personalidad atienden a las personas sobre las cuales recaen, por cuanto los sujetos muestran mayor atención a las características que según ellos son de mayor relevancia para formarse una idea de otra persona o cosa. Kelly (1955); Markus (1977).      

Las Teorías implícitas se clasifican en tres (3) grupos: 1) El primer grupo conformado por las Teorías de la Personalidad, ya tratadas; 2) Un segundo grupo que atiende a la naturaleza humana; y 3) Un tercer grupo que hace alusión a la naturaleza u origen de las agrupaciones. (Estrada et. al., 2007) (p. 112).

En atención a las Teorías Implícitas de la Naturaleza, estas pueden ser conceptualizadas como las convicciones generales que cada individuo posee en relación con el ser humano. (Estrada et. al., 2007, p. 113). Esta tesis comporta una cuestión general de las Teorías Implícitas en la cual se contiene todas las teorías relativas a la benevolencia o la maldad de la especie humana, tratando aspectos tales como su docilidad o rebeldía, su manera de ser, entre otros. Leyens (1983). A su vez, las Teoías Implícitas de la Naturaleza se dividen en las Teorías sobre el Locus de Control y las Teorías sobre la Naturaleza Humana. (Estrada et. al., 2007, p. 113).

Las Teorías sobre el Locus de Control, son reputadas como una de las primeras teorías aclaratorias de la atribución social. Además, tienen carácter de Teoría Implícita debido a que hacen alusión al modo en el que los individuos se hacen una imagen de la naturaleza humana, así como los factores que determinan sus modelos de conducta. Rotter (1966). Sobre la base de las tesis sostenidas por Heider (1958); Rotter, (1966), proponen que un individuo puede apreciar que su conducta obedece a factores internos (Locus de control Interno); o por factores externos (Locus de Control Interno).

Por otro lado, las Teorías Implícitas sobre la Naturaleza de los Grupos Sociales, comprenden aquellas tesis ingenuas que reagrupan el sistema de creencias y conocimientos generales en relación con las condiciones generales referentes a las condiciones de pertenencia de una persona a una agrupación social determinada. Estrada et. al., (2007).

Con arreglo a lo expuesto por Navarro Moreno & Olmo López, (2016), el vocablo “loco” puede ser empleado para conceptualizar a una persona que muestra un modo de actuar diferente al establecido en las pautas fijadas por la sociedad, como consecuencia de una alteración en las capacidades intelectuales que imposibilitan el funcionamiento normal de la razón y el sano juicio.

La noción de desequilibrio intelectual ha tenido variaciones con el transcurrir del tiempo. A principios del siglo XIX se configuró una corriente denominada “Tratamiento Moral” que procuraba el mejoramiento de las condiciones de las personas con discapacidad intelectual bajo internamiento. Este trato sostenía que las personas aquejadas con dolencias mentales debían ser tratados con mayor respeto, consideración y dignificación, más no cadenas y castigos. Con todo, los trastornos mentales no tienen el nivel de comprensión que ameritan, en consecuencia, los individuos aquejados por tales discapacidades son tratados con temor, indiferencia, mofa, o señalamiento por su condición de tales. El tratamiento dispensado hacia las personas que padecen trastornos mentales durante siglos se origina en un concepto negativo como resultado de la ignorancia, ya sea por falta de tratamientos adecuados o de recursos asistenciales. (Guerra Alonso, 2021, p. 11).

Actualmente, tal como lo reseña Magallanes Sanjuan (2011), las personas con trastornos mentales son víctimas de actos discriminatorios en su lugar de trabajo, en las relaciones interpersonales, en los centros de salud y en los medios de comunicación. 

Según la Confederación Salud Mental España (2024), a través de su respectivo informe correspondiente al estado de los derechos humanos en salud mental para el año 2023, al respecto, se observan denuncias por trato discriminatorio de los seguros hacia las personas con discapacidad psicosocial, así como también, por parte de las entidades bancarias a las personas con problemas de salud mental (p. 10 y 13).

Una significativa porción del sufrimiento de aquellos con un trastorno mental tiene su origen en el proceso de estigmatización que, con frecuencia, acompaña a esta condición. Se trata de un conjunto de reacciones sociales negativas que limitan el bienestar, adaptación e integración social de quienes padecen una enfermedad mental (especialmente de carácter grave y crónico), afectando también a sus familiares y los profesionales de la salud mental. Muñoz et. al., (2009). Crocker et. al., (1998) expresan que los individuos estigmatizados poseen algún atributo o característica que conlleva una identidad social, la cual es devaluada en un contexto social particular. 

La representación de los trastornos mentales en el individuo es, en su mayor parte, negativa. Coverdale et. al., (2002); Nairn et. al., (2001); Wahl et. al., (2003); esta imagen se encuentra asociada a actos violenctos o delictivos. Angermeyer & Schulze (2001); Coverdale et. al., (2002); (Gamo, 1992); Huang & Priebe (2003); Instituto Andaluz de Salud Mental de Andalucía (1987). De forma generalizada se acentúa un matiz negativo, con una exigua cantidad de información relativa a personas con trastorno mental que llevan una vida normal. Esta es una visión acorde con estereotipos de peligrosidad, carácter impredecible, ausencia de autocontrol y vulnerabilidad. Muñoz et. al., (2011).

Pese al eventual avance positivo en los términos empleados para hacer referencia a los trastornos mentales Arceo (2005); Coverdale et. al., (2002), persiste la actitud que se refiere a los trastornos mentales en un contexto coloquial con un sentido vejatorio. Lawson & Fouts (2004); Signorelli (1989); Wahl et. al., (2003). De igual manera, los trastornos mentales son vistos de forma habitual con una connotación negativa, y sin información adicional que guarde relación con sus síntomas, causas, procesos de rehabilitación y tratamientos. Angermeyer & Schulze (2001); Gamo (1992); Nairn et. al., (2001). En este orden, los hallazgos de Francis et. al., (2004), se comportan de manera excepcional, el encontrar que los medios de comunicación australianos divulgan información copiosa de buena calidad relativa a los trastornos mentales.

Actualmente, España carece de un cúmulo importante de informes oficiales que trate la información de los trastornos mentales, por lo cual, únicamente puede citarse la labor del Instituto Andaluz de Salud Mental de Andalucía (1987); Gamo (1992); y Arceo (2005), informes que concluyen y son coincidentes al expresar las carencias notorias y una polarización hacia lo negativo en el tratamiento de un trastorno mental en la prensa escrita española, lejos de ofrecer una información de calidad respecto a tal realidad.

En la medida en la que aumenta el nivel de conocimiento, deben promoverse iniciativas de las instituciones orientadas a la promoción de la salud mental, la prevención de los trastornos mentales y la disminución del estigma. Asociación Española de Neuropsiquiatría (2007); Organización Mundial de la Salud (2001).

La percepción social de los trastornos mentales sostiene que no pueden ser tratados médicamente, dado que la sociedad pone toda su atención en aquellos casos cuyos pacientes se encuentran provistas de un mayor grado de notoriedad, tales como los revestidos de violencia, o aquellos que se encuentran desprovistos de un techo en el cual poder habitar o bien aquellos que se resisten al tratamiento psiquiátrico. Debido a tales circunstancias, los pacientes con trastorno mental que logran el tratamiento y, por ende, alcanzan el éxito en su vida personal y laboral, pasan inadvertidos. (Martínez-Félix et. al., 2020, p. 23).

 

3.1.- Teorías sociológicas sobre los trastornos mentales

La existencia de conexión entre sociedad y salud mental es evidente, porque hay un vínculo negativo entre clase social y enfermedad mental. Faris & Dunham (1939); Hollingshead & Redlich (1958). Distintas posiciones dentro de la estructura social llevan asociadas diferentes probabilidades de padecer deterioro psicológico, de manera que las posiciones socioeconómicamente menos favorecidas muestran una mayor incidencia de diversos trastornos psicológicos. Bastide (1983); Dohrenwed & Dohrenwed (1969); (Herrera et. al., 1987); Herrera et. al., (1989); Vásquez (1982).

En atención a las ideas que anteceden, la lucha de clases propuesta (Maquiavelo, 2011, p. 270 y 273, 360 y 361) y Marx & Engels (1848), comporta una situación de tensión entre las dos clases socioeconómicas, como son la burguesía y el proletariado, debido a las pautas sociales que a su vez guardan relación con los medios de producción. Tales tensiones se traduzcan en la clase capitalista por la preservación de sus medios, mientras que, por otro lado, la clase trabajadora luchará por conservar el único medio a través del cual le es permitida la sobrevivencia: el trabajo. De modo que, este escenario puede comprometer en una y otra clase, la salud mental. Cass (2000); Millward (2001); Burke (1990); Felton & Cole (1963); Ganster & Schaubroeck (1991); Greenberger et. al., (1989); Ivancevich & Matteson (1980).

Además, los tratadistas demostraron su mayor empeño para proporcionar una explicación de los procedimientos que enlazaban de forma tan cercana a la sociedad y la salud mental, circunstancia que inevitablemente trajo consigo el surgimiento de teorías sociológicas para la etiología de la enfermedad mental. (Sánchez Moreno, 2002, p. 38). Según Thoits (1999), las tres teorías dominantes en la actualidad son: la teoría del etiquetado; la teoría del estrés, la teoría del construccionismo social, y la teoría de las construcciones estructurales.

 

3.1.a) Teoría del etiquetado o de la reacción social

La teoría del etiquetado fue propuesta y desarrollada por Tannenbaum (1938); Lemert (1951); Kituse (1962); Erikson (1966); Becker (1963). Según (Scheff, 1966a, p. 25); (Scheff, 1966b); quien fuera el fundador de este enfoque, al respecto sostiene que se trata de una tesis que propone del trastorno psíquico cuya exteriorización se traduce como una infracción de las normas establecidas por la sociedad, y la afección estable como un rol a desempeñar en la sociedad.

A este respecto, el concepto de desviación es elemental. Cuando se habla de desviación no se hace referencia a un rasgo de la conducta en sí misma. Antes bien, la desviación, es un rasgo de la reacción de un conjunto de personas a una conducta del individuo. El sujeto etiquetado, es aquel a quien se le ha asignado un rótulo según su comportamiento y la percepción de que él tienen los miembros de la sociedad. En diferentes sociedades se configuran comportamientos desviados que habitualmente se identifican a través de clasificaciones fijada por convenciones sociales, tales como el robo, la adicción a las sustancias alcohólicas o la prostitución, entre otros. No obstante, cuando un comportamiento quebranta una norma, y la sociedad no puede recurrir a las clasificaciones antes enunciadas para poder definir tal conducta, se acude a una categoría residual, anfibológica, y edificada por los usos y costumbres, así como la forma de pensar de la sociedad. En sociedades que preceden a esta clasificación residual era la brujería, la posesión efectuada por demonios o espíritus, entre otros. En las sociedades del presente esta categoría es, en la mayor parte de los casos, el de trastorno mental. (Sánchez Moreno, 2002, p. 38).

La variedad de modos de transgresión normativa para los cuales la sociedad carece de una calificación expresa, y que frecuentemente impulsan al etiquetado del infractor como enfermo mental, son tratadas de una manera técnica como ruptura residual de reglas (residual rule breaking). En este orden, el carácter amplio y la ambiguo de una variedad de alteraciones psiquiátricas, especialmente la esquizofrenia, son susceptibles de calificarse en este tipo de clasificación. (Scheff, 1975b, p. 7).

Este mecanismo de asignación de una etiqueta es el elemento de origen más relevante de lo que Scheff denomina "carreras de desviación residual". En otras palabras, una sucesión de movimientos desde una postura marcada a otra, en el contexto de una estructura social que procura el mantenimiento del control social. Para ilustrar el proceso por medio del cual la reacción social se manifiesta, Scheflf acude a las nociones de "desviación primaria" y "desviación secundaria" (Lemert, 1951).

Para Lemert, existe una amplia gama de factores que pueden explicar la aparición de una determinada conducta desviada. Sin embargo, y desde un punto de vista sociológico, "las desviaciones no son significativas a no ser que sean organizadas subjetivamente y transformadas en roles activos, convirtiéndose en el criterio social para asignar estatus. Los individuos desviados deben reaccionar simbólicamente ante sus pautas sociopsicológicas. La desviación se mantiene primaria o asintomática y situacional en tanto sea racionalizada como función de un rol socialmente aceptable" (Lemert, 1951: 75). En el caso de la enfermedad mental, la reacción social es el factor más importante bajo el cual se estabiliza esta ruptura de normas (residual). La reacción social, en un número reducido de casos, no supone una negación o racionalización de la desviación primaria, sino una exageración o incluso distorsión. Esta pauta de exageración es el etiquetaje.

Cuando el comportamiento del grupo se da en estos términos, la ruptura de reglas amorfa, no estructurada, tiende a cristalizarse en conformidad con las expectativas de los otros. El comportamiento del individuo etiquetado comienza a ser similar al comportamiento de otros desviados etiquetados como enfermos mentales. El proceso se completa cuando la imagen estereotipada se convierte en parte del individuo como guía de conducta. Nos encontramos con la aceptación del rol de desviado, con la desviación secundaria. "Cuando una persona comienza a emplear su comportamiento desviado, o un rol basado en él, como medio de defensa, ataque o ajuste a los problemas creados por la reacción social hacia él, su desviación es secundaria" (Lemert, 1951: 76). Se trata de un paso en la socialización adulta. En este contexto, el desviado se convierte en una persona cuya vida e identidad se organizan en tomo a los hechos de desviación. Por lo tanto, es la reacción social la que provoca la entrada del individuo en el rol de desviado, en nuestro caso el rol de enfermo mental.

Recientemente, la teoría del etiquetado o de la reacción social ha sido reformulada por Link, (1987); Link et. al., (1991); Link & Phelan (1999); Link et. al., (1989); Link et. al., (1997). Esta del etiquetado reformada postula que las manifestaciones internas de los trastornos mentales determinan el etiquetamiento por parte de los grupos sociales. Estos síntomas originados por causas biológicas, psicológicas y sociales son valoradas y entendidas por los conglomerados de la sociedad, siendo el contenido de la reacción por parte del sujeto afectado y por los componentes de su entorno social. En otras palabras, la gravedad de las dolencias del trastorno mental, así como la reacción de la sociedad frente al mismo establecerán la manifestación del etiquetado formal, en su modo provisto de mayor negatividad adopta los rasgos específicos del estigma. La teoría reformada del etiquetado es una versión atenuada de su original, puesto declina de manera expresa al tratamiento de los componentes etiológicos poniendo énfasis en la negatividad de la etiqueta asociada a los trastornos mentales que recae sobre el individuo etiquetado. Markowitz (1998).

 

3.1.b).- Teoría del construccionismo social

Según esta tesis la desviación primaria es un constructo de la sociedad, expresado de otra forma, el trastorno mental es una obra de arquitectura social. Pilgrim & Rogers (1993). La interrogante más compleja al entorno de la salud mental procede de las alegaciones del postmodernismo que sostiene que una parte significativa de la sociología hace perdurable un determinado modo de pensar de carácter colonial en la postura asumida por los hombres dedicados a la investigación de este tipo de problemas. (Hoffman, 1996, p. 31).

La postura del construccionismo social es crítica ante los diversos sistemas de clasificación de enfermedades mentales DSM (Diagnostic and Statistical Manual o Mental Disorders); ICD (International Classification of Diseases) y al propio vocablo de trastorno mental y evaluación médico-psiquiátrica o psicológica; en segundo término, la aseveración de que el trastorno mental es un modo de alocución perteneciente al campo médico - psiquiátrico. (Sánchez Moreno, 2002, p. 42).

Efectivamente, el término discurso es elemental para aproximarse al constructo de trastorno mental. El vocablo enfermedad mental es un sentido figurado cuya ampliación acontece en el trascurrir de la alocución. Los discursos comportan una serie de aseveraciones encargadas de construir objetos y posturas. Concretamente, las diversas formas bajo las cuales se exterioriza el discurso abarcan pormenores que identifican a los diferentes tipos de objeto, así como las diversas formas de subjetividad. De este modo, esta conformación del lenguaje es indispensable para comprender el trastorno mental. (Parker et. al., 1995, p. 39).

Esta noción de trastorno mental como alocución tiene presencia en todas las facetas de este enfoque. A veces, el carácter extremado de estas aseveraciones conlleva hacia la negación de la utilidad de la indagación en búsqueda de los componentes etiológicos implícitos en la manifestación del agravamiento psíquico. (Sánchez Moreno, 2002, p. 42). En este orden, (Gómez & Coto, 1986, p. 589-590) sostienen que el trastorno mental es un hecho de la comunicación, que no pertenece al campo de la biología, situándose por encima de la voluntad del individuo y al mismo tiempo, al margen de esta, a este respecto, la prudencia aconseja definir este término por una circunstancia que se construye, antes bien, de poner énfasis en su padecimiento. Así las cosas, el lenguaje figurado induce a la denominación de los mensajes, sustituyéndolos por el término síntomas, y a formular cuestionamientos relativos a la etiología en vez de centrar la atención en los códigos; y de igual forma, por hacer hincapié en las causas, antes que en el discurso.

 

3.1.c) Teoría del estrés

El estrés es la experiencia fisiológica y psicológica de eventos vitales relevantes, tales como tensiones y traumas. Thoits (2010). Postulada por Thoits (1999), sostiene dos (2) componentes esenciales de este enfoque. En primer término, la posición ocupada por los individuos en la escala de la sociedad comporta un elemento causal o etiológico para el trastorno mental. En segundo término, este rol causal de los componentes socio estructurales se materializa a través de una variable mediadora, el estrés. En este orden, debe considerarse como diferencia fundamental entre el enfoque clínico y el sociológico, la cuestión de los estresores conceptualizados como pautas sociales de su situación en la estructura social. (Aneshensel, 1992, p. 16). 

Entre las más recientes tesis respecto al estrés se cuenta la sostenida por McEwen & Wingfield (2003); quienes lo clasifican en el diseño genérico de adaptación biológica al entorno trayendo consigo su aislamiento con el objeto de que describa los hechos que dan lugar a sus respuestas fisiológicas o conductuales, por las que se adapta al medio. En consecuencia, el enfoque del estímulo postula que el estrés hace referencia a circunstancias externas que repercuten sobre el individuo, quien debe emplear las herramientas y el empeño necesarios, para la obtención de un desenvolvimiento eficiente, evitando así la potencial amenaza del estímulo. Peiró (1993). En la investigación del estrés se señalan los estresores para hacer alusión a los estímulos externos que influencian al individuo, y aun cuanto inicialmente sólo fueron admitidos los estímulos procedentes de la naturaleza, Selye (1950); tal tesis fue extendida por Mason (1975), al afirmar que los individuos pueden responder en la misma proporción tanto a impulsos psicológicos como aquellos procedentes del entorno exterior.

El estrés ha sido definido también como una transacción entre el individuo y el entorno circundante. Para el análisis de un hecho debe considerarse la discrepancia entre las condiciones del ambiente y el punto de vista del sujeto que se encuentra en tales condiciones ambientales. Estas diferencias pueden manifestarse, por una parte, desde el punto de vista del sujeto al verificar su incapacidad para satisfacer los requerimientos que le son formulados, mientras que, por el otro lado, los desacuerdos son susceptibles de originarse debido a la apreciación del sujeto entre los rasgos del medio y aquellos de los cuales se encuentra provisto; de modo tal que, el estrés tiene lugar cuando las exigencias ambientales son diferentes a las aspiraciones de la persona. Cox (1978).

La teoría del estrés sostiene que los estresores no se distribuyen de forma aleatoria entre las personas, por el contrario, estos ostentan independencia de su situación en el orden sociológico. (Aneshensel, 1992, p. 16). Los estresores no se reparten al azar entre las personas, por el contrario, son los contextos de la sociedad quienes dan lugar a situaciones de estrés menoscabando así el bienestar anímico de los individuos situados en diferentes categorías de la estructura de la sociedad. Esta teoría ejerce la defensa de un mecanismo de causas sociales cuya observación pone énfasis en el estrés como causa determinante de las enfermedades mentales, y como resultado de la posición en la cual se encuentra el sujeto en el orden social, así como también, como factor decisivo de una consecuencia: el menoscabo de las facultades intelectuales y mentales. Ineludiblemente, en esta posición de influjo perjudicial de los componentes socioambientales que recaen en el sujeto, tal circunstancia se hace visible de forma más amplia en los entornos ocupacionales y económicos, por cuanto la falta de igualdad en el sistema distributivo es el rasgo troncal de las estructuras sociales. Aneshensel (1992); Pearlin (1989); Pearlin (1991).

En consonancia con lo precedente, se han efectuado un conjunto de investigaciones recientes sobre el influjo que ejerce la sociedad en la salud mental, inscribiéndose en el patrón del proceso de estrés desde el empleo y el infra empleo. Dooley et. al., (2000) hasta las peculiaridades del ambiente habitacional. Ross (2000); Ross et. al., (2000); Ross & Mirowsky (2001); esto claro está tratando el estudio del ciclo final postulado por Miech & Shanahan (2000). En otras situaciones los estudios efectúan un enfoque directo de la teoría del estrés orientada hacia la demostración en el ámbito sociológico de la distribución desigual en la exposición al estrés, tomando en consideración el estrato social al cual pertenece el individuo. Aneshensel et. al., (1991). Dohrenwend (2000); McLeod & Kessler (1990).

 

3.1.d) Teoría de la construcción social

La teoría de la construcción social formulada por (Giddens, 1995, p. 199). Para la teoría de la estructuración o de la construcción social, el dominio de las ciencias sociales no comporta la prevalencia del individuo de la sociedad, pero tampoco sostiene la primacía de ésta sobre el sujeto. Por ende, son los factores de la sociedad quienes no dan origen a los actos humanos, sino que en su actuar, propician las condiciones necesarias para desenvolverse. En este orden, la sociedad entendida como estructura comporta una serie de normas y medios que intervienen en la reproducción de sistemas sociales. Hay una estructura social cuando se configura la existencia de rastros vinculados a la mnésico, fundándose desde el punto de vista orgánico sobre las reglas de entendimiento mutuo. (Giddens, 1995, p. 396). Esta teoría se presente en franco contraste con la teoría estructuralista tradicional, que sostiene un orden rígido caracterizado por la supeditación del individuo a las instituciones y reglas sociales, lo cual trae consigo una negación tácita de la individualidad de la persona.  

4. Conclusiones

Con base en las consideraciones precedentes se concluye que el estigma comportaba una sanción impuesta desde la antigüedad, consistente en la vejación de la persona con ocasión a la comisión de un crimen, en este orden, se concluye que la figura del estigma ha sido trasladada al escenario social orientado hacia las personas que padecen trastornos mentales, quienes según la teoría del rotulado son apartados de los grupos sociales por incumplir las normas establecidas por la sociedad.

Del mismo modo, se infiere que el diagnóstico de los trastornos mentales carece de fundamento, por cuanto las ciencias de la salud carecen de una prueba objetiva capaz de realizar un diagnóstico por el cual demuestre una afección mental en un individuo, de tal manera que, los criterios establecidos para determinar una enfermedad mental, son de orden sociológico, atendiendo al comportamiento del sujeto en la sociedad, su desenvolvimiento normal en el lugar de trabajo, y otros aspectos de la vida cotidiana, aceptados por la sociedad.

Asimismo, se concluye que el prejuicio no comporta sólo un acto, sino un proceso por el cual se juzga a una persona o grupo de personas, atendiendo a los estereotipos o conceptos tenidos previamente, sin conocer a fondo a tal individuo o forma asociativas. Tal proceso trae como consecuencia el estigma sobre la persona excluida, atendiendo a diversos motivos, entre los cuales se encuentra el padecimiento de una afección mental, por un infundado temor a ser víctima de actos de violencia.

Además, se deduce que no toda persona con diagnóstico mental, necesariamente debe llevar un ritmo de vida al margen de la sociedad, muestra de ello son el economista John Forbes Nash, matemático, y premio nobel de economía, diagnosticado con esquizofrenia; Friedrich Nietzsche, quien sufriera trastorno depresivo; y Abraham Lincoln, quien presentada sentimientos melancólicos proclives al suicidio.

A su vez se concluye, que, los trastornos mentales en muchas ocasiones pueden ser tratados con éxito, logrando que el sujeto pueda tener un desenvolvimiento normal en la sociedad, sin que tal condición lo condene a la exclusión o el ostracismo, ejerciendo una influencia importante en estas circunstancias el imaginario colectivo, que, prácticamente ha mostrado el mismo comportamiento frente a las enfermedades mentales desde la antigüedad hasta el presente.

Se deduce también que, los trastornos mentales eran considerados posesiones demoníacas sobre las personas, o bien castigos de la Providencia, y por tanto, este conjunto de personas debía ser excluido de la sociedad por razones de seguridad física, debido a su asociación y representación con actitudes violentas, en virtud de lo cual, padecer de lepra o de un trastorno mental, en los siglos posteriores, guardaban identidad.

Adicionalmente, se concluye que la asignación de un estigma sigue siendo al igual que en épocas pasadas, una conducta injusta por parte del conglomerado social hacia las personas que padecen trastornos mentales, dado que no se les da la oportunidad de poder seguir siendo parte integral de la sociedad, agravando sus síntomas debido a la desmotivación generada por el grupo social para superar la afección mental que el individuo sufre, trayendo como consecuencia un tendencia al alza de casos sin éxito en la superación de tales dolencias.

Sumado a lo anterior, se concluye que el estrés aparejado por la relación existente entre las categorías sociedad y salud mental, atiende al estrés generado por las demandas de la sociedad con ocasión a los roles que corresponde desempeñar al sujeto, lo cual viene aparejado con la posición social que éste ocupa. En tal sentido, se ha concluido que no sólo las clases desposeídas se encuentran bajo un elevado grado de estrés de manera tal que pueda propiciar un trastorno mental, sino también, las clases que cuentan con recursos.

En virtud de tal conclusión se infiere que el estrés en ambos grupos deriva del hecho socioeconómico. Por un lado, la clase provista de recursos se encuentra sometida a un nivel de estrés de tal magnitud que inevitablemente podrá desembocar en un trastorno mental, cuyo costo será la preservación del estatus quo. Por otro lado, la clase obrera tendrá padecerá el estrés de no poder llevar el sustento a su hogar con ocasión de un eventual despido, bien sea por reducción de personal o cualquier otra índole ajena al trabajador. En tal sentido, poco puede importar una posición de jerarquía en la sociedad, por cuanto no se ostenta.

En referencia a la teoría de la construcción social propuesta por Giddens, se evidencia que es una tesis que procura equilibrar los intereses de los factores sociales, es decir, aquellos inherentes al individuo, y los que pertenecen a la sociedad, ya que la supeditación del interés individual al bien general anula los rasgos del individuo. Por tanto, el balance entre ambos factores se concreta al establecer una estructura en la que el entendimiento mutuo es fundamental para el desenvolvimiento de la convivencia social.

Asimismo, se constata que en los prejuicios interactúan dos tendencias contrapuestas como son el internalismo y el externalismo, que ratifican en el campo social, las tesis contrapuestas del racionalismo y el empirismo, respectivamente. Por tanto, en lo que al campo social se refiere, el externalismo es la alternativa más justa de cara a las enfermedades, puesto que, únicamente podrá conocerse cabalmente la condición mental de un individuo si se establece trato con el mismo, o en su defecto, si el trato recibido se corresponde con una persona en búsqueda de rehabilitación y no como un enfermo.

Sumado a las conclusiones precedentes, se concluye que la autoestima de la persona diagnosticada con una dolencia mental es determinante para su restablecimiento, dado que, en la mayor parte de los casos, sino en todos, la sociedad es desalentadora frente a la rehabilitación del individuo bajo tratamiento. En este orden, la autoestima, y la determinación por lograr su pronta recuperación serán el motivo necesario para superar el trastorno mental, sumado claro a otros factores emotivos tales como los sentimientos hacia los seres queridos, la sensación de ser útil, y no ser una carga, entre otros.

Se concluye, asimismo, que, en un gran número de ocasiones, el individuo diagnosticado con padecimiento mental debe lidiar con su condición durante su trayecto vital. En tal sentido, deberá asumir una postura férrea ante la sociedad que le rechaza, para poder proseguir con desenvolvimiento dentro de los límites fijados por la sociedad, límites que, aunque injustamente establecidos, deben ser asimilados con el objeto de evitar frustraciones, dejando al campo jurídico el reconocimiento de sus derechos como persona, en virtud de su vulnerabilidad derivada del trastorno mental. En todo caso, la persona deberá imponerse constantes retos para demostrarse a sí misma, la capacidad que tiene para superar los límites impuestos socialmente, así como aquellos que se impone a sí misma.

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Cómo realizar tu encargo

A continuación te mostramos los distintos pasos para que realices tu encargo y te proporcionemos la ayuda que solicitas.

Paso 1

Selecciona las características de tu encargo

Selecciona en cada menú lo que corresponda según lo que necesitas que realicemos. Entre otras cuestiones, deberás especificar el tipo de Trabajo (TFG, TFM, etc.), la normativa para las citas y bibliografía, tu área de estudio, y el/los servicio/s que necesitas (redacción dese cero, correcciones, revisión de plagio, etc.)

Además, tendrás un campo de texto en el que podrás escribir y detallar todas las instrucciones que quieras transmitirnos para que el resultado sea exactamente a la medida de lo que necesitas. También podrás adjuntar documentos.

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Paso 2

Selecciona el número de páginas y el tipo de interlineado para cada tipo de redacción que has seleccionado en el paso previo



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Paso 3

Selecciona el número de entregas y la fecha de cada entrega

Tienes que decidir en cuántas entregas quieres dividir tu encargo. Nosotros te recomendamos que sea el mismo número de entregas que número de pagos en que quieras dividir el precio de tu encargo, pero puedes seleccionar el número de entregas que prefieras.

Una vez has seleccionado el número de entregas, pulsa en el icono del calendario y selecciona la fecha de cada entrega.

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Paso 4

Selecciona tus servicios extra y tu redactor

Selecciona cualquier servicio adicional que te interese. Te ofrecemos una total personalización de tu encargo.

Selecciona el tipo de redactor que más te interese. Si ya has realizado algún encargo con nosotros, puedes seleccionar el redactor que lo realizó.

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Paso 5

Selecciona tu plan de pagos y realiza el primer pago para activar tu encargo

Elige la fórmula de pago que más te interese. Puedes pagar en un único pago y así beneficiarte de un descuento por pronto pago. O puedes fraccionar el pago como desees, por ejemplo en el número de entregas en que quieres dividir tu encargo. El pago lo puedes realizar mediante tarjeta de crédito o débito a través de la plataforma de pagos de Stripe, o bien mediante transferencia bancaria o ingreso en cuenta, a tu elección.

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Paso 6

Te enviamos la primera entrega y realizas el siguiente pago

Una vez has realizado el primer pago, comenzamos a trabajar en tu encargo. Recibirás la primera entrega en la fecha que has indicado en tu formulario, en tu plataforma de estudiante a la que accedes mediante tu usuario y contraseña. Puedes descargar el documento para archivarlo. Una vez lo revises, si quieres puedes solicitar correcciones, dentro del ámbito de tus instrucciones iniciales.

Una vez recibes la primera entrega, tendrás que hacer el segundo pago indicado en el plan de pagos que has seleccionado, y posteriormente te enviaremos la segunda entrega en la fecha que has indicado en el formulario. Y así sucesivamente según el número de pagos y entregas que hayas seleccionado en el momento de realizar tu encargo.

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Trabajos académicos que Realizamos

Aquí puedes ver, de forma gráfica, cuáles son los trabajos académicos que más nos solicitan nuestros estudiantes universitarios.

Nuestros Redactores

Los redactores son un punto fundamental de un excelente servicio de redacción académica y ayuda para tu TFG, TFM o Tesis doctoral. Por este motivo, ponemos muchísima atención en decidir cómo y a quién seleccionamos como nuestro redactor académico. A continuación, te explicamos los puntos centrales de la garantía de calidad de nuestros redactores académicos.

Preguntas más frecuentes

Hemos recopilado las preguntas más frecuentes que recibimos de nuestros estudiantes y te las mostramos a continuación para que conozcas mejor nuestros servicios de TFG, TFM y Tesis doctoral, y cualquier otro trabajo académico.

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¿Sabrá el redactor quién soy yo?

¿Tendré contacto con la persona que redactará mi trabajo?

¿El trabajo me lo vais enviando en partes o es todo de una vez?

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¿Quién será el redactor de mi trabajo? ¿Tiene la cualificación, experiencia y conocimientos necesarios?

¿El redactor realizará las correcciones que yo le solicite?

¿Cuáles son los métodos de pago disponibles?

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¿Puedo modificar las fechas de entrega después de realizar el primer pago?

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